Alberto de Rosa, Opinión, Ribera Salud

Grandes Reflexiones de Julián García Vargas

25 octubre, 2013 • By

Estamos en una época difícil. Casi me atrevo a decir que en una encrucijada de caminos. Las viejas fórmulas no sirven y hay miedo a aplicar nuevas fórmulas.

Y por esta razón, hoy más que nunca es necesario escuchar, atender y estudiar las opiniones y reflexiones de los grandes expertos que conocen la Sanidad. Uno de los más brillantes es Julián García Vargas, persona que por su experiencia, inteligencia y prestigio ganado durante años, es uno de los referentes del mundo sanitario español. Además, su independencia, criterio, valentía y claridad en la exposición de sus ideas, hacen casi obligatorio analizar sus palabras.

Pues bien, hace pocas semanas, Julián García Vargas participo en el Máster de Arquitectura Hospitalaria en el CEU  San Pablo y el diario digital Sanifax reprodujo su intervención.

Aconsejo su lectura, con la que estoy seguro podremos coincidir todos en un altísimo porcentaje.

Gracias Julián por tu dedicación a una mejor sanidad para todos.

(Publicado en Sanifax el 14-octubre-2013)

Julián Gª Vargas, el mejor ministro socialista de Sanidad, sigue siendo sin duda, una de las voces mas autorizadas. Su claridad de ideas, su independencia total y su autoridad moral hacen que sus mensajes siempre sean especiales. El viernes participo en el debate del Master de Arquitectura Hospitalaria del CEU, convocado por C. Amaya. Reproducimos casi integras sus palabras:

Hay que recordar, por cierto, que la sanidad participo de esa burbuja de inversiones no siempre razonables. Hicimos hospitales no necesarios para ponerlos en marcha. La Comunidad de Madrid, por ejemplo; y otras comunidades autónomas. Y por cierto, hay que reconocer una cosa, que cada vez que se pusieron en marcha nuevos hospitales en una comunidad o en otra, la oposición correspondiente no ha dejado nada. Hacer un hospital siempre es muy popular. Pero no sería razonable sobre todo porque, cuánto tiempo llevamos hablando del “hospitalocentrismo”, y lo que estamos es en un sistema de crónicos y no en un sistema de agudos.

Y hubo también, durante un periodo muy largo, a veces no bien meditado ni controlado, en el que no se sabía en qué consistían las prestaciones. Exprimimos demasiado el sistema sanitario, y sobre todo no le dimos una dotación para los tiempos de las “vacas flacas”. Cuando estás en un momento de prosperidad, siempre llega el malo. Igual que cuando estás en un momento bajo del ciclo, la mejoría termina por llegar. Pero hay que tener mecanismos para adaptarse en cada momento. Así que, diciéndolo de una manera muy coloquial, estamos en un “molinillo” en el sistema sanitario. Porque ahora la clave es como preservar y reconducir el Sistema Nacional de Salud. Y no se ve muy claro cómo se va a hacer. Y yo no entiendo muy bien lo que me dicen los sanitarios responsables a este respecto.

En realidad las salidas son seguras. O dirigidas políticamente con racionalidad, o espontaneas, depende de la sociedad y las decisiones individuales. O bien una combinación de ambas. Las soluciones espontaneas ya las estamos viendo. Y están en marcha y se expresan sobre todo por ese incremento tan sostenido de las pólizas de seguros sanitarios y el incremento de las consultas privadas. Si miramos la encuesta de Presupuestos Familiares del Instituto Nacional de Estadística, veremos que desde hace ya tres años, de los 12 grupos del gasto de los hogares españoles, solo suben dos, que son enseñanza y salud. A costa de los demás, pero especialmente a costa del estilo, ocio, cultura y equipamiento de vivienda.

Los españoles están optando ya de manera espontánea a favor de la salud y haciendo un esfuerzo económico, el que pueda hacerlo. Porque el problema de la desigualdad aquí puede ser muy importante. O puede haber también soluciones dirigidas, planificadas y acordadas. Que suponen, desde luego, repensar el Sistema Nacional de Salud. Han pasado 30 años de la Ley General de Sanidad. Por lo tanto, podríamos empezar a pensar si vamos a mantenerlo igual – que no es posible – y habrá que decirlo claro. O hacia dónde vamos, siguiendo el tema.

Pero ya tenemos que tener todos claro que deteriorar todo por querer salvarlo todo es un riesgo que está encima de la mesa. Y que ni los ciudadanos ni los responsables políticos parecen verlo claro. Podemos deteriorar todo por querer salvarlo todo. Habrá que preservar el legado del SNS, que es excelente. Porque han pasado muchos gobiernos y lo han ido consolidando.

Para repensar el sistema bastaría algo muy sencillo. Que nos pusiéramos de acuerdo sobre unos criterios estratégicos organizativos que marcaran hacia donde debemos ir; o más bien, hacia donde podemos ir  dadas las condiciones y dinero del que disponemos. Este documento no debe ser muy complejo. Puede ser de 15 o 20 folios. Y puede marcar criterios estratégicos y organizativos que luego cada comunidad autónoma seguirá desarrollando en virtud de sus peculiaridades.

Pero esto tiene que venir acompañado de una explicación a los ciudadanos. Debe tener también una intención literaria y narrativa para que los ciudadanos acompañen en la reforma sanitaria. En estos momentos no les estamos diciendo la verdad que ellos ya intuyen. Y están reaccionando muy espontáneamente. Y hay que decirles que con el dinero que tenemos (y con el que vamos a tener) no vamos a poder mantener el Sistema Nacional de Salud tal y como esta.

Y hay que olvidarse de soluciones mágicas. Hay una que aparece de vez en cuando. Últimamente en Madrid ha sido objeto de mucho debate. Que es la privatización de la gestión. Y en la privatización, pues depende……Si yo fuera empresario miraría muy bien donde me meto cuando hay estos concursos. Y me preguntaría si salen los números. Y si fuera el responsable político, miraría muy bien en quien puedo confiar. A quien del sector privado le puedo delegar esta gestión. Porque no es tan simple.

Lo que ha ocurrido en la Comunidad de Madrid ha sido un poco fruto de la precipitación. Y no va a ser bueno porque va a condicionar intentos futuros en esa dirección.

Pero sobre todo si fuera empresario me preguntaría: ¿Cómo creer en la privatización de la gestión cuando veo como se ahoga desde el estado a MUFACE? Que es la experiencia que tenemos desde hace décadas. Porque ya veremos si la ahogamos tanto que no puede sobrevivir. Viendo esta experiencia previa, pensaría muy bien a que me comprometo.

Y luego,  hay otra solución mágica que es no hacer nada. Dejar que la economía vaya mejorando y pensar que el sistema sanitario ira saliendo adelante también. Pero creo que no es una buena actitud. O tal vez,  hay otras prioridades que acompañan a la sanidad e incluso pueden estar antes: la pobreza, que es un asunto cada vez más irritante en un país relativamente rico como el nuestro, la educación, el desempleo….Yo siempre me remito a los datos. En el campo sanitario, tenemos los indicadores mejores del mundo. Y en educación, tenemos unos indicadores de resultados educativos muy mediocres. Recientemente hemos visto comparaciones en ese sentido. Luego habrá que pensar en el futuro donde hay que poner más esfuerzo.

Y desde luego, para los próximos años, hay algo que nos va a condicionar a todos, que hay que devolver y reducir deuda pública. Si no, los intereses, a los que se refería

Carlos Amaya en su exposición inicial, nos reducirán el margen de maniobra, no solo en sanidad sino en todo lo demás.

Hay otra solución mágica, que es recortar. Pero recortar linealmente supone deteriorar linealmente. Y este es un riesgo que tenemos también sobre la mesa. Tenemos muy acotadas las medidas de recortes de farmacia. Se está deteriorando la calidad de la prestación farmacéutica. Hemos llegado a un 36% en genéricos. En el 2016 se cree que el porcentaje alcanzara el 50%. Y tenemos los precios de referencia más bajos de los países grandes de la Unión Europea. Estamos corriendo el riesgo de perder una industria que todos los países quieren tener. Y tenemos algunas iniciativas que yo, sinceramente, no comprendo bien. Como esto de las equivalencias terapéuticas. Ustedes que son médicos sabrán más que yo del asunto. Pero no acabo de entenderlo. Esas equivalencias las veo realmente muy forzadas.

Recortar linealmente, supone que quitas la grasa, pero también órganos, hueso y músculos. Y esto es lo que en algún momento está pasando. Es la hora por tanto del realismo y sobre todo de la política, de decisiones articuladas y explicadas. Ya dije antes que me conformaría con que hubiera un documento de criterios estratégicos para reconducir el sistema en los próximos  5 – 6 años.

Pero pensar en el Sistema Nacional de Salud supone cambiar algunas bases del sistema en su conjunto. Desde luego, el número de centros. No hacen falta todos. Estamos en un sistema de crónicos. El uso de la tecnología, los protocolos para algunos ancianos ya de edad muy avanzada. El perímetro de aseguramiento público y su alcance es el que debe ser y podemos prescindir de algunos puntos de este aseguramiento.

Los copagos han llegado para quedarse. No tanto para recaudar coma para gestionar la demanda. No son agradables de hacer. Pero han llegado para quedarse. La valoración del rendimiento de los jefes de servicio queda en los últimos puestos del personal. De hecho, hay que cambiar toda la política de personal. Me asombran los datos que ha dado Carlos Amaya, que el personal estatutario creció en el periodo 2007 – 2011, un momento ya de muy fuerte crisis.

También habría que mirar el blindaje de la docencia dentro de la actividad en los hospitales. Hay muchos puntos en los que estamos bastante de acuerdo….

Pero sobre todo, hay que prepararse para la rendición de cuentas. Cosa que el sistema sanitario hace de una manera muy desarticulada. Porque va a ser una exigencia de los ciudadanos. ¿Usted cómo tiene organizado esto? Se supone que tienes preparada la respuesta. La hemos articulado de esta manera en nuestras actividades y con este orden de importancia. Y termino diciendo algo que es obvio, pero que conviene recordarlo una  y otra vez. Se ve más claro últimamente.

El sistema sanitario no va a sobrevivir solo y aislado. No se puede hacer una planificación estratégica. O llamémosle “reflexión estratégica sobre el sistema sanitario” sin tener en la misma mano o muy cerca los servicios sociales. Sobre todo, teniendo en cuenta que el sistema es de crónicos y con un número de personas de edad muy avanzada que va a seguir creciendo.

Por lo tanto, ese documento estratégico sobre el SNS saldrá mejor y saldrá más realista si además se actualiza con una mínima estrategia de servicios sociales. Y por supuesto que de salud pública. Hay algo en lo que todos los países avanzados están insistiendo mucho: la responsabilidad individual y personal. No solamente en la conservación de la salud, sino en la adhesión al tratamiento y en el compromiso con el sistema.

Hay que liberar al sistema de un cierto paternalismo que podría estar justificado hace 30 años, pero que ahora ya no tiene tanta evidencia. Ante tantas dificultades que tenemos y cambios que se han de producir y seguirán en España y Europa….¿Cómo no vamos a cambiar el enfoque del Sistema Nacional de Salud? ¿Cómo no vamos a repensarlo?

Termino con el mismo aporte literario con que empecé. Sobre todo, hay que intentar no deteriorar todo por querer salvarlo todo. Y utilizando un término militar: “es mejor un retraimiento selectivo y una reorganización general en las propias líneas, que la retirada general. Y no digamos si habláramos de una “desbanda general”. Muchas gracias.