Opinión

En un país normal

23 marzo, 2016 • By

La lista de espera sanitaria es una de esas cosas que influye gravemente en la vida cotidiana de los ciudadanos y de sus familias. Recientemente la Conselleria de Sanidad ha presentado las cifras de lista de espera quirúrgica que asciende a 57.898 personas; mientras que la demora media es de 120 días. Según esta estimación, los valencianos tardan más de cuatro meses de media para ser operado en los hospitales públicos. Mientras tanto, en los hospitales públicos de colaboración público-privada, -en los hospitales modelo Ribera Salud-, la lista de espera para ser operado está por debajo de los 40 días.

La diferencia es considerable y significa que nuestros Departamentos de Salud ofrecen las mejores soluciones a los problemas de los ciudadanos, otorgándoles casi tres meses de mayor bienestar. Hemos diseñado programas enfocados hacia la aplicación de tiempos de atención garantizada, priorizado las listas en función de criterios explícitos e incorporado estrategias para mejorar la indicación de una intervención o prueba. El impacto económico y, por encima de todo, el impacto en el bienestar que supone la reducción de los tiempos, tanto para el paciente enfermo como para la sociedad en su conjunto, implica una reducción de las tasas de absentismo, del consumo de medicamentos, una mejora de la productividad e incluso ahorro.

Junto al desfase en las listas, la propia Generalitat Valenciana reconocía los gastos ocultos. El 2014 se cerró con 188.833 facturas pendientes de aplicar a presupuesto, por un importe total de 860,4 millones de euros, según la Intervención General de la Generalitat. Desde el modelo de colaboración público-privado que defiende Ribera Salud afirmamos que representamos un ahorro de entre el 25 y el 30 por ciento a las arcas públicas; una cifra que no podemos concretar exactamente porque las facturas en el cajón dificultan una comparación real, ya que, mientras nuestros números son claros, los que ofrece Sanidad no dejan de generar sorpresas, generalmente nada agradables.

En un país normal, cualquier servicio público que ofreciera una mejor calidad y que ahorrara dinero a la Administración sería puesto como buen ejemplo de optimización de los recursos. En un país normal, se estudiarían sus estrategias asistenciales y su metodología para aplicarla a todo el sistema público. En un país normal, se difundiría su conocimiento y experiencia acumulada en innovación sanitaria. Estoy seguro que la inmensa mayoría de los españoles queremos formar parte de un país normal.